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Cómo vivir una Navidad plena con tus hijos

La Navidad y sus valores

Nos parece interesante comenzar reflexionando sobre las últimas palabras del párrafo anterior. No debemos olvidar que alcanzar la perfección es misión imposible. Por tanto, lo más inteligente es  saborear el momento, sin forjar falsas expectativas para nosotros ni para quienes nos rodean.

Resulta primordial concebir la Navidad desde lo que cada familia acuerde y determine como consecuencia de sus valores, esperanzas y tradiciones. De este modo se fortalecerán los lazos afectivos que darán lugar a  esos sentimientos de pertenencia que  subsistirán a lo largo del tiempo. Y proporcionarán a los niños la ayuda emocional que les recordará que son amados y aceptados.

En el instante en que comenzamos el viaje de convertirnos en padres, iniciamos un proceso de idealización del momento. Pero, como dice una frase famosa: “idealizar es el primer paso a la desilusión”.

De las primeras cosas que hacemos es depositar en los hijos nuestras expectativas. No obstante, cada pequeño conlleva un desafío educativo que evalúa de manera continuada nuestras capacidades y pone a prueba nuestra paciencia. Y no podemos cambiarlo sino, simplemente, aceptarlo.

Pistas para el éxito

Algunas pistas para el éxito:

  • Luchar contra la falta de tiempo.
  • Evitar el estrés.
  • No sustituir los afectos por las pantallas de televisión y móviles.

La sociedad en la que vivimos es muy competitiva. En muchos momentos se vive de cara a las apariencias, por lo que resulta muy fácil dejarse arrastrar por la tecnología, lo virtual, las redes sociales y,  finalmente, dejar de lado las conexiones personales con los hijos. Pero es precisamente el vínculo afectivo el que facilitará que se desarrollen  estrategias propias para resolver conflictos comunes tales como las faltas de respeto, rabietas, etc.

El término educación implica guía. Es vital que eduquemos en el respeto, estableciendo límites, manteniéndonos firmes. Haciéndoles comprender que no siempre van a conseguir lo que quieren fortalecemos su tolerancia a la frustración. Y ofreciéndoles cariño aprenderán cómo gestionar las emociones.

Tenemos que enseñarles a reconocer las emociones en la vida real, en su propio cuerpo.

Siempre que nos sea posible debemos señalarles las cosas que hacen que nos sintamos o se sientan de una determinada forma, lo que están percibiendo en un determinado momento; las que nos hacen felices, enfadados, apenados, etc. a los mayores y a ellos mismos. De ese modo aprenderán lo que significa esa emoción. Tenemos que enseñarles a reconocer las emociones en la vida real, en su propio cuerpo.

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Si se presenta un conflicto, lo primero que habrá que hacer es identificarlo y desde la coherencia, tratar de solucionarlo. Sin olvidar nunca que la familia conforma un equipo, a pesar de las circunstancias. Un equipo en el que todos son igual de importantes y tienen cabida, y en el que sus diferentes perspectivas, actuaciones, etc., consiguen conformar su categoría de única.

Aprovecha la Navidad para transmitir valores

Pero volvamos al tema central de este artículo de Navidad y valores. Como es de esperar, servimos de ejemplo para nuestros hijos y debemos ser un “buen ejemplo». Por ello en estas fechas, como en el resto del año, tenemos que  transmitirles valores, hacerles partícipes de acciones solidarias y, por qué no, también inculcarles cómo con ciertas actuaciones podemos contribuir al cuidado del medio ambiente y evitar el consumismo. Esta fecha es especialmente oportuna para ello.

Con los más pequeños vienen sonrisas y alegría. Su inocencia e ingenuidad les hacen creer en cualquier cosa, incluso en personajes que, en tan sólo una noche, son capaces de dar la vuelta al mundo, dejando juguetes, montones de juguetes, a todos ellos. A nosotros nos pasó.

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Lo más importante de la Navidad es el tiempo que nuestros padres nos dedicaron para hacer cosas con nosotros.

Aunque no lo parezca a primera vista, si nos detenemos a bucear en nuestros recuerdos, descubriremos que con el paso del tiempo lo principal de la Navidad no son ni las vacaciones ni los regalos que tuvimos. Lo más importante de la Navidad es el tiempo que nuestros padres nos dedicaron para hacer cosas con nosotros. Ese tiempo de calidad en el que estuvimos  más relajados, más descansados, porque las rutinas se hacen más flexibles, aunque siguen estando ahí para lo importante. Nos reímos a carcajadas mientras jugábamos a cualquier juego de mesa, cocinamos, improvisamos alguna manualidad o cantamos villancicos.

Nos sentimos especiales e importantes tomando decisiones a la hora de adornar el Árbol de Navidad y/o  colocar el Belén. Experimentamos el saber ser agradecidos, dar las gracias  por estar juntos, por tener una familia, por apreciar lo que se tiene, por ser afortunados de tener una casa calentita: nos educamos en la generosidad. Y cómo no: aprendimos  a recibir regalos, ¡un montón de regalos!

Calidad mejor que cantidad

Queremos hacer, por último, una pequeña introspección sobre este punto, sin ponernos melodramáticos pero sí, siendo conscientes de lo que esto puede suponer a la larga, con el valor que otorga la perspectiva personal y sin perder de vista el contexto social que tenemos actualmente.

Los niños tan pequeños, no poseen la capacidad de procesar el aluvión de juguetes de estas fechas. Reaccionan perdiendo el interés, van buscando más y más sin prestar atención. Y sin, por supuesto, apreciar o disfrutar de ninguno de ellos. Con esto, lo que estamos generando son conductas ingratas, caprichosas y una baja tolerancia a la frustración.

Por ello, es necesario cuidar que recibir tantos regalos en un espacio de tiempo tan pequeño, tenga una consecuencia positiva, y evitar un efecto de vacío: por no tener el juguete más grandioso, más costoso o más destacado. 

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En todos los ámbitos de la vida, cuando se presentan demasiadas opciones juntas, es difícil valorarlas y disfrutarlas a un mismo tiempo. Lo que en principio proporciona sensación de satisfacción, enseguida  se acaba convirtiendo en cierta decepción, pasando rápidamente a querer más y más. Porque el valor de cada detalle se ha visto diluido en el conjunto.  

Más valores en Navidad: fomenta su generosidad

En estos días podemos aprovechar para fomentar la generosidad.

  • Explícale el sentido de compartir algo con los demás sin necesidad de recibir nada a cambio. Solamente “recibiendo” y además en exceso, no se ofrece una oportunidad para promover una conciencia social que les refuerce emocionalmente.
  • Favorece la ocasión de que experimenten una felicidad que perdure en el tiempo educándoles de un modo empático.
  • Enséñale que ellos también pueden dar, pueden conceder  felicidad a otros niños que estén atravesando dificultades dándoles su ropa, juguetes, alimentos. Pueden y tienen que aprender a ser solidarios, a disfrutar del valor de compartir.

En definitiva, se trata de conseguir que las Navidades sean momentos de felicidad.

En definitiva, se trata de conseguir  que las Navidades sean momentos de felicidad. Que año a año vayan  formando recuerdos prorrogados en el tiempo, generando experiencias positivas que les aporten la robustez psicológica que les habilitará para enfrentarse, de forma exitosa a las posibles adversidades futuras.

Las reminiscencias de una Feliz Navidad conforman uno de los mejores regalos que las familias pueden ofrecerles a sus hijos.

¡FELIZ NAVIDAD!

Dpto. Orientación

Escuela Infantil Alkor


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